Martes 5 de Noviembre, me levanto dos o tres veces antes de que suene la alarma. Dolores de panza y un par de visitas al baño. Hace meses el Martes 5 de Noviembre del 2019 estaba marcado en mi cabeza, y era sin saberlo el dia que estuve esperando por casi 30 años.

No se si era 1989 o 1990 cuando escuche por primera vez el nombre de “Chernobyl”. Un grupo de chicos soviéticos llegaba al Colegio Santa Teresa en el cual yo cursaba primer o segundo grado por ese entonces y entonaban unas canciones tradicionales ¿rusas? ¿Ucranianas? Vaya uno a saber. Vestidos con ropas típicas todavía recuerdo los zapatos rojos de las chicas. El rojo contrastaba con nuestro uniforme de pantalones grises de obrero y un sueter de un azul grisáceo gastado. La maestra nos dijo que eran chicos de Chernobyl… luego los veríamos en el campo de deportes jugando al fútbol. Eran los chicos de Chernobyl.

¿Pero que era Chernobyl? Por ese entonces eran épocas de noticieros, diarios y radio. La información llegaba a cuentagotas y con días de atraso (¿a quien le interesaba un desastre nuclear en la otra parte del mundo?) y para colmo el gobierno Soviético era muy reacio a dar información alguna de aquel accidente.

La historia del Reactor 4 de la planta Vladimir Ilich Lenin o Chernobyl es más que conocida a esta altura y no vamos a entrar en detalles de la misma. Sobre todo en este último tiempo que el tema tono más popularidad debido a la serie de HBO.

El Tour

Con el pasaje principal de mi viaje sacado, era el momento de reservar mi tour a Chernobyl. La empresa elegida era “Chernobyl Tour” (www.chernobyl-tour.com) en la página pueden encontrar diferentes tipos de tours como: Visita a una base misilística abandonada o un tour militar para disparar algunas armas soviéticas.

En cuanto a Chernobyl, el más clásico es el tour de un dia (el que hice yo) aunque hay otros por más días. Hoy habiendo hecho el de un dia siento que me quedé corto, me hubiese gustado estar más tiempo en la zona de exclusión. Pero si usted simplemente quiere conocer lo típico y básico de Chernobyl, con el tour de un dia alcanza y sobra.

El 28 de Junio llene el formulario requerido con mis datos para solicitar mi tour que sería como dije antes el 5 de Noviembre. Tras un adelanto del pago total (100 dolares) mi turno fue confirmado y me llego el mail con todas las recomendaciones para ese dia. El resto del dinero se pagaría en efectivo poco antes de subir a la camioneta.

Las instrucciones eran las siguientes:

Remera manga larga y pantalón largo, nada de ropa ni zapatos abiertos. En caso de lluvia tener medias y calzado de repuesto.

Si bien en Chernobyl tendríamos almuerzo, algo de comida extra era recomendable ya que el tour duraba todo el dia

Obviamente gente alcoholizado y/o bajo efectos de drogas no podrán participar del tour.

El Dia:  5 de Noviembre.

Ese dia me levante varias veces antes de que me suene la alarma, ansiedad y dolores estomacales me habían invadido. Desayune rápido en el hotel y me tome un Uber hasta el lugar de encuentro cerca de la estación de Tren de Kiev.

Ya en la camioneta pague el resto del tour y presenté mi pasaporte. Todo en orden y a subir a la camioneta. Partimos unos minutos antes de las 8 de la mañana.

El viaje hasta Pripyat duraba unas dos horas y media. El paisaje no era de lo más emocionante como en otros lugares. Mucho campo y un paisaje chato, era como estar en el interior de la Provincia de Buenos Aires o La Pampa. Durante el viaje nos repitieron las instrucciones, nos hablaron algo de la historia y vimos un poco de un documental (que ya había visto un par de veces) de Discovery Channel.

Hola Chernobyl.

Llegamos al checkpoint que nos indicaba el ingreso a la “zona de exclusión”, los militares revisaron nuestros pasaportes y firmamos una especie de autorización y por supuesto para desligarse de responsabilidades. A los costados del checkpoint militar (prohibido sacar fotos) había dos locales de souvenirs del lugar, ya estábamos en Chernobyl.

La primera parada era el pueblo de Zalissya. Un pueblo abandonado donde entre toda la vegetación podíamos ver los restos de algunas casas y algunos negocios. Luego de esos seguimos por las rutas de la zona de exclusión. Un paisaje igual al del viaje desde Kiev hasta aquí, pero que de cierta manera se sentía diferente. Mirando hacia la nada misma uno ya sentía que este lugar era diferente. Los contadores geiger no marcaba grandes índices de radiación, es más diría que hasta eran mediciones normales.

El reactor.

La siguiente parada en este tour era nada más ni nada menos que el Reactor número 4. Y allí estaba ese galpón a simple vista. Esa estructura gigante que alberga a los restos del reactor y contiene la radiación. Aquí las mediciones son también normales, la cúpula protege todo.

Es raro ver eso que viste tantas veces en fotos y estar en ese momento que imaginaste de mil maneras diferentes… pero ahí estaba. No hacía frío, un poco de viento y un sol que calentaba en ese otoño ucraniano… era un dia mas, un dia cualquiera. Pero ahí estaba yo frente al reactor, el resto ya no importaba.

Caminando por las calles de Pripyat.

Hasta el dia de hoy esta es una de las cosas que todavía no caigo. El único momento de este viaje donde se me llenaron los ojos de lágrimas fue apenas la camioneta arrancó en Kiev. El resto del tour fue una especie de piloto automático. En ese momento estaba en Pripyat… Pripyat… Pripyat. Es incontable las veces que habré escrito el nombre de esta ciudad fundada en 1970 y que en su mejor momento sus 50.000 habitantes debieron abandonarla de la noche a la mañana. 

Bajamos de la camioneta y ahí caminamos unas dos horas por esa ciudad fantasma. Una ciudad que en las épocas del Comunismo tenia mas beneficios que cualquier otra ciudad de la Unión Soviética. Allí estaban los científicos que trabajaban en la planta. Pertenecer a la clase científica era tener ciertos privilegios que el ciudadano común soviético no tenía. Y Pripyat era una ciudad modelo. Una ciudad planificada con todas las comodidades para sus habitantes.

Caminar por las calles de Pripyat es sentirse el protagonista de una película apocalíptica. La naturaleza se adueñó de lo que le correspondía y allí quedaron como gigantes dormidos todos esos edificios monoblock.

Pasamos por la famosa piscina del gimnasio de Pripyat, ese lugar que vi hasta el hartazgo en fotos. Parado en el borde tratando de sacar la mejor foto sin que mis compañeros de viaje aparezcan en ella. Caminar por los escombros y llegar a la cancha de básquet. Seguimos caminando por el medio de esos edificios para llegar a uno de los colegios. Juguetes y libros por el piso. Las aulas desordenadas cual momento de “hora libre” y cientos de máscaras de gas tiradas en el piso.

El famoso hospital (con sus puertas selladas) y su sótano radioactivo donde se encuentran los trajes de los primeros bomberos que llegaron al reactor número 4 instantes después de la explosión.

Y quizás la frutilla del postre… la postal viviente de Pripyat, el parque de diversiones. Uno de los lugares más instagrameables de Ucrania. La rueda o vuelta al mundo ahí quedada en el tiempo sin casi haber sido usada. Tanto el parque como el estadio que está al lado se iban a inaugurar el 1ro de Mayo de 1986 durante los festejos del “Dia de la solidaridad Internacional de los Trabajadores” tan solo 4 dias despues de la explosión del reactor. Destellos del Pripyat que pudo haber sido pero no fue.

Dos horas caminando por esa ciudad fantasma, ciudad que muchos temen visitar y ciudad por la que muchos soñamos con visitar.

Después de eso nos tocaría ir a comer a la cantina Pripyat (con un previo control de radiación), donde todos los empleados de la planta nuclear van a comer. Es una especie de cafetería universitaria y la verdad es que la comida es horrible. Arroz, un cerdo de dudosa procedencia, sopa borsch y dos jugos también de dudosa procedencia. Compartí la mesa con mis compañeros de viaje ingleses y todos estábamos de acuerdo en que la comida era horrible.

DUGA-1

La última parada de nuestra visita era el DUGA-1 un escudo antimisiles soviético que operaba en las afueras de Pripyat durante la última parte de la Guerra Fría. Obviamente en su momento este era un lugar secreto en el medio del bosque. A los locales se les decía que allí había un campamento para niños y que les estaba prohibido pasar. Y si en la Unión Soviética te decían que algo estaba prohibido, no se te daba por preguntar demasiado de esas cosas. El DUGA-1 tiene una longitud de más de 700 metros y una altura de alrededor 100 mts. Estar a sus pies te hace pensar como nunca nadie se dio cuenta de este súper secreto oculto… pero claro no había drones, ni google earth y la verdad que hasta antes del accidente nadie hubiese pensado en visitar Pripyat. Así que es lógico que eligieron este lugar para construir el DUGA-1

Volver a casa.

El sol caía y nos despediamos del DUGA-1, una breve y rápida visita al pueblo de Chernobyl y emprender el camino a casa. De nuevo otros dos controles de radiación en los checkpoints y comprar los souvenirs en los puestitos de la entrada y salida a la zona de exclusión.

Y mientras esperábamos al resto de mis compañeros para subir a la camioneta, Chernobyl me regalaba uno de los atardeceres más hermosos que vi. No se si era el mejor pero era uno especial. Era un atardecer en Chernobyl.

En la camioneta de vuelta a Kiev me la pase mirando las fotos, nos tomaron la radiación que absorbimos que equivalía a 1 hora de avión (yo fui de los que más recibieron de todos los que íbamos en la camioneta).

Llegamos Kiev, de vuelta a la ciudad, de vuelta a la civilización. Perderme entre la gente, tomar el subte y volver a mi hotel. El dia siguiente seria el peor, la sensación de vacío; la sensación de haber cumplido; la sensación de querer más. El dia despues y el dolor de ya no ser. Luego vendrían un par de entrevistas en la radio y toneladas de fotos subidas a instagram.

Visitar Chernobyl era un sueño que tenía desde muy chico, un sueño que cumpli. Un sueño que quiero volver a vivir.

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