Domingo después de llegar de un viaje, desarmando la valija, un shampoo que se abrió y causo un poco de desastre sin perdidas catastróficas. Rodeado de regalos y recuerdos que ya no te acordas para quien compraste… una pirámide allá, un imán que dice Lubliana por aquí y una botella de Coca Cola Egipcia por otro lado.

Sin saber por donde arrancar de nuevo a ordenar este quilombo lo mejor es escribir sobre ese mal que aqueja a varias personas. Ese mal llamado Depresión Post-Viaje que de aquí en mas llamaremos DPV.

¿Pero que es el DPV?

El DPV es la burbuja que se rompe, el volver a la realidad, el dolor de ya no estar en ese estado de viaje, básicamente el DPV es el Síndrome de Abstinencia sumado al dolor de volver a la rutina.  De cambiar la vista del Coliseo de Roma por la de tu monoabiente contrafrente, cambiar de tomar Caipirinhas en la playa por ese culito de coca sin gas que es lo único que queda en la heladera por que te olvidaste de comprar. El DPV es volver y marchitarse la frente. Es volver a pensar en los problemas que habías dejado de pensar, salir del modo “vacaciones”.

Ya deje de hablar en Portuñol, usted claramente sufre de DPV.

La Mentira del “Modo Vacaciones”

El Modo Vacaciones es uno de los síntomas del “DPV” donde uno en sus últimos días de vacaciones mientras admira por última vez el mar, la montaña o simplemente esa ciudad fantasea en su mente en dejar todo atrás y establecerse ahí. El barcito en la playa como sustento de vida una gran mentira que uno se inventa para negar un poco la realidad.

Los otros síntomas llegan al retorno del viaje. Uno se mantiene en ese estado vacacional e intenta mantener las cosas o mejor dicho las nuevas costumbres que aprendió en el nuevo lugar. Es comprar ese juego de tejos que nunca vas a jugar en tu casa por que simplemente no vas a estar tan al pedo como en la playa. Es llegar a la oficina con las trencitas que te hiciste en Camboriú… si querida en la playa queda bien todo lo que te pongas en la cabeza, en el Sarmiento a las 8 de la mañana la verdad que no. Es transformarse en un ser de energía luz, amante de la tierra y andar vestido con una túnica por el hecho de que estuviste apenas unas horas en Macchu Pichu y sentiste “La energía”. Es flashearla con tu buzo GAP que estas caminado por la Quinta Avenida mientras estas buscando rebajas en Munro.

Toda esta columna explicada por el gato Moncholo – Fuente: https://www.facebook.com/elgatomoncholo/

Soltar es la clave

Si, cual tatuaje de recién divorciado/a use la palabra “Soltar” por que en este caso es la verdad. Si no uno queda en un loop infinito con ese viaje, viaje al que idealiza tanto que finalmente no le permite pensar a futuro y uno queda atrapado en la nostalgia de “aquel viaje” idealizándolo de sobremanera.

Y así arranca una catarata de nostalgia con algún amigo o familiar con quien compartiste ese viaje y entre los dos se genera una retroalimentación de DPV-Nostálgico con frases como “NY 2013, que se repita amiga” o “Que bueno estuvo el eurotrip de 2008, volveremos!” y así uno se enamora de esa nostalgia y a la vez surge un miedo que es el de hacer un nuevo viaje y que no sea lo suficientemente bueno como aquel otro viaje… un viaje sobre-idealizado que no nos permite encarar el futuro y un nuevo viaje/vacación.

En la playa hay muchas cosas que quedan bien, en la oficina no.

Dejar de repasar una y otra vez las fotos, sacarte las trencitas que te hiciste en la playa, borrarte ese Tatuaje de Henna, cambiate la foto de perfil de Whatsapp en Times Square de hace 6 años y sacate esos lentes de esquiador que acá en la ciudad no van.

Combatir el DPV

La mejor manera de superar el DPV es querer sufrirlo de nuevo ¿Y Como se logra eso? Armando un nuevo viaje… si bien falta mucho y la billetera esta vacía no hay nada mejor que agarrar un mapa y empezar a revisar lugares, videos, vuelos, hoteles… etc. Mentalizarse en el nuevo viaje como ya lo hemos dicho antes.

La alegria de empezar a organizar un nuevo viaje.

Aunque falte mucho tiempo lo mejor es siempre tener uno o dos o tres o infinitos viajes en el horizonte.

Por que si bien el DPV no es alegre no hay nada mejor que volverlo a sufrir una y otra vez.

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